miércoles 15 de abril de 2009

Convergencia con Zapatero


La pasada semana el presidente Zapatero ha mudado una parte de su gobierno. La pregunta que surge viendo los cambios es para qué los ha hecho. No parece, por la persona propuesta para economía, Elena Salgado, que quiera lanzar un mensaje de confianza al mundo económico y financiero tanto nacional como internacional. O que Chaves, hasta ayer presidente de una comunidad autónoma de las mejor cuidadas por este gobierno, sea, como nuevo vicepresidente territorial, un imparcial y cauto negociador de la financiación autonómica.

Para resolver la pregunta, quizás no haya que pretender encontrar una respuesta en los problemas de los españoles y el intento de conseguir un buen equipo que les dé soluciones. Quizás la respuesta haya que buscarla, aunque sea parcialmente, en los problemas que tiene el gobierno. Y, ¿cuál es el principal? Su falta de mayoría parlamentaria para tener la estabilidad necesaria que le garantice su permanencia hasta el fin de esta legislatura y disfrutar entre tanto de la presidencia de la UE. Zapatero necesita completar su mayoría con los votos de otros grupos para sacar adelante sus propuestas legislativas. Y una de ellas, sobre todo en esta situación de crisis económica, es cardinal: la ley de los presupuestos generales de Estado. ¿Qué opciones tiene para conseguir esa mayoría?

Una puede consistir en pactar con CIU. Este pacto exige por una parte la financiación autonómica y por otra la finalización del tripartito en Cataluña. Esto es, soltar dinero y controlar el PSC. Sin duda, esta estampa ilumina mejor los cambios de gobierno. Una ministra débil, instrumento de lo que se decida en Moncloa, no pondrá los mismos reparos que Solbes al incremento de la financiación autonómica que se exige desde Cataluña, tanto por CIU como por el tripartito gobernante. Por otra parte Chaves –ese nuevo secretario de Estado con rango de vicepresidente, según Santiago González-, quien ni siquiera olfateará la negociación de la financiación autonómica, no tiene otra tarea que sujetar a un díscolo PSC, finiquitar a Montilla y gestionar una sentencia del Tribunal Constitucional, al parecer, no muy favorable a la constitucionalidad de las principales novedades del estatuto catalán. Cumpliendo esos encargos CIU estará madura para dar estabilidad al gobierno.

Aunque hay que tener en cuenta que hasta el año 2010 no hay elecciones catalanas y no podrá hacerse el intercambio de gobiernos. Si bien, para salvar este escollo, el PSOE acaba de anunciar la inminente tramitación de leyes puramente ideológicas que le permitan conseguir el apoyo temporal de IU, ERC y el BNG para aprobar cuando menos los presupuestos del 2010. Sin que ello implique descartar que el pacto con CIU se pueda acelerar, si ERC rompe el tripartito y al “president de la Generalitat” no le queda más remedio que convocar elecciones este otoño.

En el caso de que nada de esto saliese, todavía puede decidir prorrogar los actuales presupuestos y aguantar más allá de junio del 2010, con la justificación de la presidencia española de la UE del primer semestre de ese año. Solución muy arriesgada, ya que la gravedad de la situación económica –a final de año puede haber más de un 20% de paro- haría muy difícil evitar que hubiera una convocatoria anticipada de elecciones en mitad de la presidencia española de la UE. Evidente fracaso de nuestro presidente pretendiente al rango de líder mundial.
Es cierto que hay otras posibilidades, como un gran pacto de estado con el principal partido de la oposición que tuviera en cuenta a los otros grupos parlamentarios para afrontar los principales problemas del país. Pero esta solución, no parece anunciarla el cambio de gobierno. Los hechos dirán qué pasa.

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