Hay crisis y “crisis”. En esta época de crisis económica, cuando la gente anda preocupada por llegar a fin de mes, conservar su puesto de trabajo y, si lo perdió, intentar conseguir un nuevo empleo, estos políticos se solidarizan con la ciudadanía mostrándose igualmente preocupados por una “crisis financiera”, pero de otro tipo: decidir cuál o cuáles de las facciones de los partidos con representación en la Comunidad acabará controlando Caja Madrid.
Del esperpento que nos están ofreciendo nuestros representantes políticos en las instituciones de Madrid cabe sacar algunas enseñanzas. Para empezar, las cajas de ahorro son, en principio, fundaciones de naturaleza privada cuyo negocio consiste en participar en el mercado financiero para obtener beneficios que les permita desarrollar una obra social. Sin embargo, estas entidades privadas son gobernadas, además de por gestores elegidos por los impositores y sus trabajadores, por delegados de las comunidades autónomas y los ayuntamientos, quienes a su vez son elegidos no por su capacitación técnica (no, desde luego), sino por su pertenencia (bien mirado, el término “pertenencia” describe a la perfección la relación de la que hablamos) a alguno de los partidos políticos con representación en esas instituciones o por su afinidad a un sindicato. Estos gestores, que reciben unas retribuciones altísimas, profesan lealtad incondicional, como podrá adivinarse, no a la entidad que dirigen, sino a los partidos que los han colocado en su puesto.
La disonancia entre la naturaleza privada de las cajas y su gestión por representantes de partidos políticos y sindicatos está teniendo su máxima expresión en los sucesos de Caja Madrid. El argumento del esperpento es sencillo: una vendetta política entre facciones del PP y del PSOE. Por un lado, tenemos el drama principal, cuyos protagonistas son Esperanza Aguirre y Alberto Ruiz Gallardón, y cuyo objeto es la futura sucesión de Rajoy, y por otro lado, como trama cómica de relleno, la pelea en el PSOE entre quienes quieren apoyar a Esperanza, porque creen que esta opción es la más conveniente para sus futuros intereses electorales, y quienes prefieren apoyar al actual presidente de la Caja, porque desconfían de Tomás Gómez como futuro candidato socialista para la Comunidad.
No sabemos quién va a ganar esta ofensiva política, cuyo instrumento es la Caja y cuyo objeto inmediato es la continuación otros seis años más de su presidente, desde el año 1997, señor Blesa, por supuesto antiguo amigo de Aznar. Pero sí sabemos quiénes van a perder: entre intrigas, amiguismo y aprobación de leyes contrarias al principio liberal de generalidad, se ha olvidado —en plena crisis económica y con las ratios de morosidad de la Caja creciendo a ritmos agigantados— que las Cajas de Ahorro deben estar al servicio de sus clientes. La moraleja del esperpento está clara: con gran irresponsabilidad se está sometiendo a la cuarta entidad financiera de España a tensiones ajenas a una profesional gestión financiera, que pueden acabar dañando, todavía más, la maltrecha economía de todos los españoles.
Por eso UPyD, en Madrid, desde que se inició esta batalla, ha pedido reiteradamente a los políticos de esta Comunidad que actúen con responsabilidad impidiendo la politización de Caja Madrid. Por eso UPyD ha propuesto que Caja Madrid se transforme en una Sociedad Anónima cuyos beneficios vayan a una fundación que dirija la obra social y que, mientras se realiza está transformación, se modifiquen los usos para la elección de los órganos de dirección y se bajen significativamente las retribuciones de los directivos. Las Cajas de Ahorro deben ser gestionadas profesionalmente y estar al servicio de sus clientes y de la obra social.
Estas propuestas de UPyD pueden traducirse de manera inmediata en medidas concretas. El PP y el PSOE, sin embargo, se han limitado a quedarse en el ámbito de las declaraciones: con una hipocresía escandalosa, estos partidos piden la despolitización de las Cajas al mismo tiempo que trazan planes y toman posiciones para el asalto de la siguiente entidad financiera. Hay que decir que esto suele suceder en connivencia con los partidos nacionalistas y siempre para mayor gloria y poder del barón regional de turno.
UPyD seguirá con sus propuestas de regeneración democrática para conseguir, también en las cajas de ahorro, la separación del espacio público del privado, la limitación del poder de los barones regionales y la anteposición de un sistema financiero que funcione eficientemente en intereses de sus clientes y de los ciudadanos a otro al servicio de los dirigentes de los partidos políticos. Para ello presentaremos en las instituciones propuestas concretas con esos objetivos. Ya veremos quiénes están dispuestos a apoyarnos con su voto. Mucho me temo que, entre ellos, no estarán los que ahora dicen justo lo contrario de lo que hacen. Al tiempo.
miércoles 18 de febrero de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada